Dueles Posorja

Golpes de odio, gritos de revancha, en medio del fuego asesino que silenciaba a tres seres humanos sacados de las rejas policiales, a puntapiés.

Una montonera indignada, que los denuncia de secuestradores. Emerge el rencor que aprieta su alma y desahoga sus resentimientos, aplacando en sangre a quienes los considera enemigos, delincuentes, transgresores de su paz y su familia.

La hoguera sobre el pavimento de una parroquia rural del manso olvidado, que enfrenta sus temores con justificativos envueltos en llamas, que aniquilan lo que creen que es injusto.

Las órdenes y explicaciones de las autoridades y sus uniformes no importan. Sus razones son más poderosas y aplican lo que manda su sentir, con hierro en sus manos, quebrando la vida de los tres cuerpos, que fenecen sin misericordia alguna.

El rumor colectivo los había conducido al asesinato de los tres presuntos secuestradores de infantes. Horas más tarde, la voz oficial informa que el homicidio múltiple tenía antecedentes falsos. Que anularon vidas de inocentes, que nada tenían que ver con la infame historia denunciada. Que asesinaron a tres personas, por odio, rumor y error.

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Ser

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