Comunicación para todos: una misión pendiente

Hace más de 50 años, el Monseñor imbabureño Leonidas Proaño fundó una radio popular para que los habitantes indígenas y mestizos de las zonas rurales sean los actores de su propio desarrollo: Escuelas Radiofónicas Populares del Ecuador, herencia de esos ideales de lucha, reivindicación y justicia social a favor de ellos, con un fuerte recurso a través de la comunicación. Gracias a esa histórica semilla hoy ya hablamos de radios comunitarias como un legado de esa tarea que se inició hace décadas. Sin embargo falta aún mucho por alcanzar. Es uno de los ejemplos que inspira, sobre lo que sucedió en la provincia del Chimborazo, en relación a la comunicación, bajo el liderazgo de ese líder oriundo del norte del Ecuador que fue hasta las entrañas de los seres humanos para apoyarlos a que se liberen de las ataduras de aquella época y hacerse escuchar. 

 

Así, Leonidas Proaño mostró que no hay límites territoriales ni divisiones imaginarias que permitan llevar el espíritu de solidaridad y lucha a nuestros hermanos de otros lugares del país. Traigo a la memoria este hecho para una vez más recordar que desde la comunicación y con la ayuda de otras disciplinas se puede entender la complejidad de las prácticas sociales y propugnar siempre el mejoramiento de ellas.

 

La comunicación, como misión, fue el planteamiento escogido para el accionar en mi vida profesional, por lo que creo necesario continuar con la reflexión crítica sobre los procesos comunicativos. Y, es la oportunidad para seguir deconstruyendo las ideas adquiridas, para direccionarlas hacia proyectos de lo social que contribuyan a incentivar la recepción crítica de contenidos, una práctica reflexiva y también política acerca de la vida.  

 

El reconocido teórico español-colombiano Jesús Martín Barbero planteó la posibilidad de que la comunicación sea un lugar estratégico para pensar la sociedad y donde el comunicador asuma su rol intelectual (esto no quiere decir que sea alguien de escritorio, o que solo se limite a predicar palabras, sino a juntar la teoría y la acción para soñar y transformar al mundo) (…) es un rol intelectual, a la exigencia de repensar las relaciones entre comunicación/sociedad y para redefinir el papel mismo de los comunicadores.

 

Nuestros conocimientos no servirán y serán inútiles si nuestra postura en la comunicación permanece estática, o si no se mira al conocimiento y el servicio público como una posibilidad de transformación social y de una oportunidad para obrar a favor, sobre todo, de quienes han sido relegados históricamente. 

 

Es necesario construir ese pensamiento en conjunto, en favor de aquellos que han sido víctimas del poder, tengan voz y capacidad de ejercer acción social, y para que toda la ciudadanía sea quien construya su voluntad para las decisiones que se tomen en la sociedad. Eso es libertad.

 

Creo que es indispensable promover un accionar político de la ciudadanía (esto no quiere decir partidista) para tomar consciencia de sus condiciones y saber a qué estructuras del sistema estamos expuestos, para fomentar prácticas emancipatorias con un pensamiento ‘otro’ logrado desde el fortalecimiento de la recepción crítica y la acción social desde las mismas personas.

 

Es una ardua tarea, que requiere nuestra capacidad de hacer efectiva la inclusión, la crítica y la autocrítica, el diálogo permanente, la capacidad de dar voz y permitir el accionar de los ‘otros’ para revertir su estado de afectación y así determinar un sistema de construcción de ciudadanos activos.

 

No solo hace falta fomentar el debate de la política, porque aún hay otras decenas de formas comunicativas y sociales de discriminación entre nuestros mismos hermanos y grupos sociales que se han dejado de lado por una polarización existente y que requieren ser analizados para detener esa agresión de diversos motivos religiosos, por la identidad de género, por las edades, etnias, por nuestras culturas.

 

No deben existir enemigos en la comunicación, a quienes se deba destruir con el poder de la palabra, pero sí se pueden permitir rivales con quienes confrontar ideas que enriquezcan la pluralidad de pensamientos que existen en la sociedad.

 

Creo también que existe la necesidad de seguir haciendo periodismo, comunicación para el desarrollo. Para la cual necesitamos integrar en un diálogo a medios de comunicación, academia, agrupaciones sociales, ciudadanía y autoridades y tomar como metas el desarrollo de la población, más allá de circunstancias que existan.

 

Siempre hay nuevos retos. Es primordial dar y ampliar los oídos a la ciudadanía, acudir a ellos y también recibirlos, dialogar para conocer qué es lo que necesitan en materia de comunicación, si se sienten identificados con lo que ven, escuchan o leen en los medios, no solo noticias, sino producciones musicales, audiovisuales, y otras expresiones como el teatro, danza, etc. 

 

La riqueza y diversidad cultural que compone nuestro país, hace que permanezca vigente la necesidad de seguir colocándola como estandarte y trabajando para ella, por ella, por su respeto, inclusión, valoración.

Que sea la ciudadanía quien haga escuchar su voz, y que los medios, nosotros, todos, la escuchemos, y construyamos esa comunicación edificante, incluyente, plural, para el desarrollo, para la democracia y justicia social.

 

Debemos unirnos al desafío histórico de trabajar por esa comunicación anhelada, principalmente de los más vulnerables, de aquellos que fueron invisibilizados, y a quienes  podemos darles la oportunidad de hacer escuchar su voz.

Wilson Andino V.

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